No somos amos de este mundo; vivimos huéspedes en él. No se nos rinde enfrente el paisaje, posa majestuoso su grandeza. Para quien se atreva a beberse su inmensidad en un parpadeo.
Turista en este barco que navega por el universo, eres polvo estelar que deja una huella indeleble. Tus ojos descifran la misticidad de la tierra, mientras ella alardea de sus tonos sin tregua.
La caricia del tiempo en las personas es, en esencia, una reverencia a las grietas de la tierra, desde donde brota el agua y se preservan las ruinas que dejan los locos del planeta.
Eres la historia compleja del soñador que vuela, por siempre sangrando su pasado, por siempre cargando su dolor, por siempre amando su presente, por siempre impulsando su pasión.
Soy el libro que me diste a leer de niña. Somos la poesía en blanco y negro y la canción a color. El eco de un instante que ebulle como emoción.
Hoy en día, todos pueden tomar una foto del efímero presente, pero pocos capturan para siempres que desnuden el verdadero sentir de un momento, enmarcando el latido de la tierra, el rugir del agua, la oración de la gente, y el suspiro de tu alma, en una misma fotografía.
Feliz por siempre, y por siempre mi tía.


