Hay días que me siento realmente abrumada con mis pendientes. Frustrada con las entregas, los retrabajos, las malquedadas (propias y ajenas), y los olvidos. ¿Ustedes cómo los superan?
Y es que aunque escriba y dé pláticas un día sí y el otro también, mantener una agenda equilibrada, saludable, y conscientemente responsable, no es asunto fácil.
¿La piedra en mis zapatos? Mi hambre de hacer más, mi sed de ser más.
Todos, lo queramos aceptar o no, tenemos una piedrita en los zapatos. Algo que nos molesta pero que a ratos de prisas y presión acomodamos y nos permite continuar, con todo y que ahí siga la incomodidad. Algo que ronda en nosotros, como una mosca en la mente, que de cuando en cuando hace ruido y después de algunos manotazos desaparece, pero no se va, y lo sabemos.
En mis libros, y en mi blog, hablo mucho sobre los minutos de desconexión para la reconexión, de los hábitos conscientes para la negociación. La realidad es que en esos momentos en los que la piedra molesta, que la mosca ataca de nuevo, que revolotea, y las prisas y la agenda toman el control, detenerse para componerse es más dicífil que caerse y dejarse batir, aunque sepamos que a un par de respiraciones está la calma.
Y si, aun así sigo escribiendo y creyendo en los hábitos de consciencia plena. Porque esta piedrita en el zapato, aunque es una lucha constante, es un recordatorio de que seguimos en movimiento e inherentemente el crecimiento genera fricción con las viejas rutinas. Lo que indica que ha llegado el momento de parar, de dejar ir, de ajustar.
Y con el tiempo no espero que pasen las fricciones sino que dure menos el conflicto, que sea más fácil remontar, aprender, decidir, actuar, continuar.


