De nuestros actos se forjan hábitos. Rutinas que definen nuestro comportamiento.
¿Qué estamos construyendo con cada paso que damos? ¿Hacia dónde nos estamos dirigiendo? Somos conscientes de la ruta que estamos marcando? ¿Pilotos o pasajeros de nuestro destino?
Si fuéramos más conscientes del precio de cada acto, no daríamos tantos pasos en falso, ni gastaríamos tanto tiempo en acciones improductivas.
Damos por sentado que tenemos tiempo ilimitado, y dejamos para luego lo que hoy en día representa un reto o un sacrificio incómodo. Nos sentamos en el asiento del pasajero y dejamos a las circunstancias que tomen el timón mientras nosotros observamos el cielo del futuro lleno de sueños. Hasta que un día ya no vamos más por el rumbo que queremos, y el cielo se ha cargado de nubes de frustraciones y miedos.
No es el tiempo el que pasa sin piedad, somos nosotros que no lo sabemos aprovechar.


