Intención, dedicación y Motivación

¿En dónde nace la intención por lograr algo? y ¿qué función tienen la dedicación y la motivación para asegurarnos el éxito?

Plantear metas u objetivos va mucho más allá de decretarlas y establecer un plan ideal de acción. Si bien este es el primer paso. Darle continuidad, aun a pesar de los altibajos que se nos presenten en el día a día, es la parte más difícil, y en la cual muchos claudican.

La motivación precede a la intención, el motivo a la motivación. Si somos capaces de visualizar y pre-sentir el resultado, entonces tenemos la razón más valiosa por la cual seguir intentándolo cada mañana.

La dedicación, por otra parte, es la actitud con la que afrontamos tanto los éxitos, como los aprendizajes. Ajustar y actuar constantemente, requieren una actitud potente, con habilidades de decisión y compromiso, para no caer en el conformismo y sus justificaciones pesimistas. Esto abre la puerta a la autoevaluación, ¿cómo está nuestra autoestima? ¿y nuestro autocontrol?

Vale la pena tomarse el tiempo para reflexionar sobre todas esas creencias arraigadas que podrían estar condicionando nuestra percepción hacia nosotros mismos y el mundo que nos rodea. Al examinar detenidamente nuestros hábitos y rutinas diarias, podemos identificar aquellos que podrían estar frenando nuestro potencial y perturbando nuestro rendimiento.

Este proceso de autoevaluación nos brinda la oportunidad de ajustar nuestra mentalidad y comportamiento, abriendo la puerta a un crecimiento personal y profesional significativo.

Tener un motivo claro, es clave para seguir intentando. Cuando tenemos un propósito definido, nuestra motivación se fortalece y encontramos la energía necesaria para superar los obstáculos que se presenten en el camino.

Contar con un objetivo bien establecido nos brinda la dirección y el enfoque necesarios para perseverar incluso en los momentos más difíciles. La intención de conseguirlo impulsa nuestra determinación y nos mantiene enfocados en alcanzar nuestras metas, recordándonos constantemente el por qué de nuestros esfuerzos.

Sólo con una actitud correctamente calibrada, seremos capaces de valorar el camino recorrido y aprender de él. Esto nos permite no solo ser receptivos a las oportunidades que se nos presentan, especialmente aquellas que se presentan como retos, sino también apreciar el crecimiento que obtenemos a lo largo del camino.

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