Se me acabó el silencio

Y de pronto un día me quedé sin miedo, y de la nada un río desbordó la pared que el miedo había construído.

Del otro lado del “qué dirán” resulta que no hay una voz más fuerte que la que grita en mi mente. Esa que guía mis pasos, que da ritmo a mis manos mientras escribo sin parar.

Del otro lado del “no funcionó” hay otro escalón que invita a mejorar, a volver a intentar, a volver a fallar, y a disfrutar cada mordisco de este manjar de aprender y crecer.

Dejar de callar no invita a hablar sin parar, invita a disfrutar del entorno que conversa, invita a escuchar esa reflexión que galopa en nuestro corazón, y sin intención de llenar con palabras vacías este lienzo, invita a encauzar, una a una, cada emoción detrás de la prosa de este autor.

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