Somos las gotas de lluvia que eclipsan a plena luz del día. El rayo que impone su presencia en la noche más sombría. Nadie nos dijo que teníamos que ser encanto ni armonía. Y en la ironía de tu silencio y mi sonrisa, se fragua la más extraña sinfonía de tu baile y mi grafía.
Somos el delicado aroma del café tostado y la mañana calina. Y en la perfecta combinación de mi mal genio y tu alegría, el universo, así, sabio como es, y aburrido de tanto ardid e hipocresía, nos hizo coincidir en esta vida, yo en tu regazo, tu en mi energía.


