No somos el yin y el yang, no eres la pieza que me complementa, ni la opinión que me avala.
Eres el silencio que me confronta y la voz que me alienta. Eres la tiniebla que me reta y el abrazo que me resguarda.
Forjas tu propio vuelo y usas tus propias alas. Admiro y animo tus vuelos a la distancia. Agradezco que, al final del día, cada día, seguimos hilando momentos, seguimos eligiendo el mismo puerto.
Un momento, un día, un año, y una vida más.


